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Tomando un dulce sellado (Priv Quinn)

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Tomando un dulce sellado (Priv Quinn)

Mensaje por Nova Seigran el Dom Sep 17, 2017 7:34 pm


Tiempo atrás, antes del inicio del examen de acceso a chunnin. El usuario del origami tuvo un acontecimiento en kirigakure que puso en peligro su vida o al menos eso parecía pues el peligro fue muy elevado, las posibilidades de sobrevivir eran inexplicables y el desenlace fue de los más enloquecedor al no recibir ninguna explicación por parte de la única persona en la que confiaba en este mundo. En resumidas cuentas, tenía un frente abierto contra un sujeto que desconocía su nombre, su procedencia y habilidades... lo único seguro fue que la motivación que movió a ese sujeto fue la venganza ¿Pero, venganza contra quien?

Todo era muy confuso, no tenía suficiente información para poder decidir que hacer y no entendía nada de las palabras de aquel extraño hombre. No podía pensar con claridad así que el chico decidió hacer un viaje de reparación emocional viajando lejos del país del agua para aclarar un poco sus ideas. Cómo todo fue repentino, solamente dejó una nota a su maestro avisando de su propósito del viaje y del lugar al que iría sin dejar muchos detalles más aunque dejaba claro que quería ir solo para mayor estabilidad. Para el éxodo no preciso que necesitase muchos elementos, solamente algo de dinero, comida y agua por lo que iría desarmado aunque siempre lo iba.

De madrugada, el chico comenzó a partir de templo sin avisar a nadie y con el mayor sigilo que sus habilidades le podían ofrecer, no quería que nadie supiera de ida ocasional hasta su regreso. Tomó un sendero hasta un muelle cercano del templo, situado en la costa en donde pequeñas embarcaciones salían a pescar y a veces llevaban a viajeros por un suma generosa de dinero. Nova se aprovecho de ello y tras pagar considerablemente a un capitán de barco, este zarpo dirección al país del hierro para atracar en un puerto con la intención de marchar hacia un puesto de comidas que según decían los rumores, servían unos dulces únicos. Aunque en parte al chico le motivó el querer probar esos postres, el estar lejos de su ubicación típica le haría sentir bien, viendo nuevos paisajes y sintiendo un clima diferente aunque fuera solamente por un día. Pero antes de llegar debería de pasar toda la travesía en barco hasta ser el medio día llegando así algo más rápido gracias a unas corriente marinas que pocas personas sabían de su existencia y que mejoraban en parte la rapidez de algunos viajes. De todos modos, al fin se encentraba en tierra extranjera, todo le era nuevo, el clima, el paisaje, la brisa, las gentes... estaba siendo una buena experiencia para sus sentidos pero no podía dejar de pensar en ese extraño hombre. Muy pronto, inició su marcha por un sendero que atravesaba un bosque, un camino tranquilo sin ninguna incidencia que finalmente le llevó al lugar que estaba buscando.

El lugar se trataba de un pequeño pueblo alejado de la costa, frecuentado por turistas sin temor a los bandidos gracias a la seguridad que ofrecía el país del hierro. Las pisadas del chico le llevaron hacia una pequeña casa de madera, regentada por una pequeña anciana. Él tomó asiento en seguida en una mesa en solitario bajo el techo de madera del restaurante, pidiendo un baso de agua para calmar su sed y unos dango dulces de tres sabores diferentes. La mujer escuchó el recado y se retiró para traer el pedido, dejando solo nuevamente a Nova, quien cerraba los ojos para intentar calmar sus pensamientos.

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Re: Tomando un dulce sellado (Priv Quinn)

Mensaje por Quinn N.Phoenix el Dom Sep 17, 2017 10:24 pm


Quinn N.Phoenix


El frio del país del hierro hasta el momento no hacía más que jugar con el humor de la joven que se encontraba completamente forrada en prendas para la ocasión. Sentir como la helada brisa trataba de colarse entre los pliegues de su parka color vino hacía que su rostro permaneciese molesto mientras cruzada de brazos sentía como de algún modo la nieve llegaba hasta poco más arriba de los tobillos por el molesto sendero que ella y sus compañeros habían decidido tomar en busca de acortar camino hacia el puerto. Odiaba aquella sensación, de hecho odiaba todo lo que no tuviese que ver con los climas cálidos o incluso aquellos a los que cualquier persona que no estuviese acostumbrada a la rudeza del desierto, tacharía como infernales. Aún y a pesar de ello el silencio era tan sepulcral que ni ella misma parecía dispuesta a romperlo aunque resultase extraño puesto que si había algo que caracterizaba a la joven era que esta por lo general siempre tenía una gran cantidad de veneno rebañando sus labios ante la necesidad de bañar sus alrededores con su gran prepotencia o miradas subidas de tono por solo la necesidad de volverse en aquel gran dolor de cabeza que pocos soportaban.

La noche anterior tanto ella como el peliazul que tomaba la delantera habían tenido que dedica un par de horas para ser “victimas” de una operación que les permitiría sacar provecho del estúpido Uchiha que semanas atrás habían asesinado por mero gusto, aquel al que al principio solo habían nombrado como una dulce victima con la cual pasar un buen rato, pero que se convirtió en un saco de huesos más rápido de lo que a cualquiera de estos les había gustado, quitando obviamente aquel detalle que los hizo testigos de que aquellos tentadores ojos podían ser no solo una mina de oro si no también un modo de ampliar sus capacidades en un mundo que había sido creado para que los humanos se destruyesen entre si. Aquella era una de las razones por las cuales la pelimorada se encontraba aquel día algo más irritada de lo normal. Podía notar como aún su cuerpo parecía acostumbrarse al ADN que le había sido trasplantado y que provocaba que de algún modo su piel se encontrase algo más palida de lo normal ante el pequeño malestar que este le estaba provocando y que al parecer, le provocaría mientras pasase por lo llamado “proceso de adaptación”. La sensación de desvanecimiento que este le provocaba hacía que la pesadez de sus pasos fuera cada vez más pasmosa muy a pesar de que pasado un tiempo habían abandonado aquel sendero abandonado para llegar a lo que parecía uno hecho de piedra, donde al menos podría olvidarse de la pesadez que se sumaba a sus botas militares negras que parecían pesar aquel día más que ninguno otro. Lo único que deseaba en aquellos instantes era llegar al barco para de ese modo volver al País de la Luna y olvidarse por un par de días de aquel viaje por el cual habían estado prácticamente medio mes, viaje del cual habían sido victimas por culpa del mero capricho de Gray, el mismo que ahora parecía haber parado sus pasos.

La pelimorada alzó así su rostro, fijando la mirada en la espalda del peliazul mientras que el pelinegro al parecer se había parado junto a este y tras ello, volvió sus orbes rosáceas hacia aquel establecimiento, una gran casa de madera que parecía ser una especia de restaurante, bar, posada o lo que fuera. Sus pies parecían haberse clavado en ese mismo instante en el suelo, como si un hubiese caído presa de un sello que inhibiera sus movimientos por la simple necesidad de descansar. Por unos largos segundos se mantuvo en aquel lugar hasta que finalmente observo a su alrededor ¿En que momento habían llegado a un poblado? Tomo aire y finalmente lo dejo ir de entre sus labios, provocando que un leve vaho escapase de estos y acto seguido simplemente comenzó a caminar por delante de estos. Quería tomar algo o simplemente descansar por unos instantes dado a que estaba completamente harta de aquella maldita travesía. Fue de este modo como sin casi meditarlo se adentro en el lugar, seguida por aquellos dos hombres que una vez dentro parecían ir en dirección a una mesa, acto que ella siguió sin dudarlo hasta que una presencia hizo que quedase estática frente a una mesa, alzando una de sus cejas. —Wow — Fueron sus únicas palabras mientras ahora nuevamente, parecía recuperar el habla, dando un toque algo divertido a sus palabras mientras observaba a aquel joven de cabello azulado que se encontraba sentado en una de aquellas mesas del local. —¿A quien se le ocurre hacerse un tatuaje en la cara? — Rió sin poder evitarlo a la par que sin llegar a preocuparse de lo que aquel chico le dijese posaba una mano sobre el asiento de madera que se encontraba frente a él, al otro lado de la mesa y acto seguido se dejaba caer en esta mientras sus orbes rosadas recaían de manera descarada sobre el desconocido y su sonrisa cada vez se ampliaba aún más, una sonrisa que derrochaba superioridad y a su vez daba un toque algo lascivo a sus palabras muy a pesar que lo único que buscase fuese molestar al forastero.

Una vez se había dejado caer sobre la silla cruzo sus piernas enfundadas en cuero negro, dándole un pequeño toque con la punta de su gran bota repleta de hebillas en la espinilla al peliazul que se encontraba frente a ella sin casi percatarse de ello.



Aclaración: Nada sexy que decir.






QuinnxKatsu:

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Re: Tomando un dulce sellado (Priv Quinn)

Mensaje por Nova Seigran el Mar Sep 19, 2017 10:02 pm

El cerrar los ojos era una técnica de relajación que siempre le había dado resultado en múltiples situaciones en las que el estrés, el cansancio o la desesperación le jugaban una mala pasada. Ahora más que nunca necesitaba su momento de paz para tratar de encontrar una respuesta a sus futuros movimientos de aquí en adelante. Era la primera vez en la vida que se encontraba en una situación tan complicada, contra un enemigo que no conocía y que temía tanto por su poder e misterio. ¿Sería este el fin del camino no violenta que había escogido? Por ahora no podía dar una respuesta clara pero no abandonaría los ideales que tantos ánimos le dieron en tiempos oscuros.

Instantes después de que la anciana atendiera la petición del chico y que fuera a encargarse de la comanda, el chico se había sumergido en un profundo letargo medio inconsciente en el que ignoraba lo que sucediese a su alrededor. No estaba de humor para minucias, no estaba pasando una buena temporada y cualquier cosa por insignificante que fuera le haría sacar de quicio pese a que normalmente su paciencia era tan infinita como el agua de un mar. En ese entonces, mientras el usuario del Origami disfrutaba de su pequeña meditación, sintió unos pasos próximos acercarse a su posición que ignoró por completo. Sin embargo, poco a poco una sensación de sentirse observado le comenzó a invadir el cuerpo, tratando de obviar tal efecto. Pensaba que esa impresión se desvanecería en pocos segundos pero un fuerte golpe hizo agitar sus cejas sin llega a abrir sus ojos. Su pesadilla estaba comenzando y el movimiento de sus cejas ya mostraba algo de enfado pero pemanecia callado con el fin de que ese momento acabara. Pero esa pesadilla seguía, parecía que no iba a terminar. “¿Ta-tu-a-je? Maldita engreída “ pensó para si mismo agitando un poco su cabeza pues el tatuaje de su rostro tenía un significado más complejo del que era a simple vista pero dejaría pasar el comentario.

Durante los segundos siguientes en donde reinó el silencio, el chico se sintió en paz al pensar que ya había terminado todo pero cuando más calmado se creía estar, un fuerte dolor le invadió en la espinilla abriendo los ojos de par en par, mordiéndose los labios para tratar de evadir el grito que contenía en la traquea mientras miraba a la ajena con odio, no pudiendo evitar que una lágrima cayera de su ojos derecho por el dolor que sentía en ese momento. Con toda la educación que pudo reunir en ese momento, miró detalladamente a la chica, a la ropa de cuero y abultada que llevaba y aquel cabello de tono peculiar, debiendo quedar impresionado por la imagen pero estaba demasiado molesto para poder contemplar aquello.
- hace tiempo, un anciano que fue acechado por un lobo pensó que si le hacia frente y salía victorioso sería admirado en su pueblo por su valentía. Sin embargo optó por permanecer inmóvil, aceptando el destino del momento y afrontando al lobo con total paz – mencionó con un tono elevado con su típica alusión de viejas historias, leyendas o fabulas que solía leer en los textos de su templo, intentando quizás dar una respuesta encriptada - pero seguro que el anciano y el lobo se hubieran aliado contra ti – terminó de decir, señalando a la chica con un tono algo más calmado - ¿Me golpeas sin excusa? Si quieres dinero deberás de buscar en otro lugar – concluyó haciendo entender que le parecía una persona que buscaba recompensa a cambio de dejarle en paz.

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Re: Tomando un dulce sellado (Priv Quinn)

Mensaje por Quinn N.Phoenix el Miér Sep 20, 2017 1:02 am


Quinn N.Phoenix


Las orbes rosadas de la joven no podía apartarse de aquel hombre que se encontraba frente a ella, como si este fuera poseedor de un genjutsu que hiciese que esta se viese embelesada por aquellos cabellos de cabellos azulados que se mostraban ante ella. Seguido de aquella embriagadora compañía podía incluso notarse una ligera pero a su vez amplia sonrisa de superioridad decorando los labios de esta , la cual parecía estar devorando a aquel chico con una de sus simples mirada, como si para ella no fuese más que un simple corderito que tarde o temprano acabaría formando parte de su lista de victimas, como si se tratase de una loba hambrienta que buscase tentar a la suerte incluso en un lugar publico como aquel, sin importar que su impulsividad pudiese llegar a ponerse en su contra, como de costumbre. Sus brazos actualmente cruzados provocaban que sus dedos tamborilearan por segundos sobre su piel hasta que inclinarse hacia delante no fue más que una pequeña tentación mientras lo observaba, riendo por lo bajo ante sus actos, después de todo fue tarde cuando se dio cuenta de que prácticamente le había pateado en una zona bastante molesta aunque no hubiese sido de manera intencionada pero ¿Qué iba a hacer? Los accidentes los tiene cualquier y realmente dañar a un desconocido de manera “inocente” tampoco era algo por lo que preocuparse o darle un par de vueltas más de la debidas. Después de todo no parecía un peligro si no más bien todo lo contrario, como si aquel joven fuese un pequeño dulce que quería catar aunque no fuese de la manera más delicada posible.

Su mirada yacía aún fija en el hasta que sin poder evitarlo su ceño se frunció ligeramente al escuchar sus palabras como si de golpe le hubiesen tirado un cubo de agua fría pero no porque fuesen dañinas ni nada por el estilo, si no más bien porque la joven estaba acostumbrada a catalogar a las personas de manera rápida, provocando que ahora el peliazul estuviese rozando de golpe con la de “señor muermo” que tenía escondida tras una gran lista de personas desagradable. Tomo así una pequeña bocanada de aire antes de simplemente negar con la cabeza y reír por lo bajo, aprovechando que anteriormente se había inclinado hacia delante para así apoyar uno de sus codos sobre la mesa y sobre la mano de este mismo brazo, su mejilla, volviendo a mostrar una amplia sonrisa dedicada solo para él. —Vaya, al menos serían inteligentes de hacerlo — Añadió mientras su sonrisa se volvía algo más amplia y tentadora. —Después de todo desmembrar a un hombre es divertido y la carne de lobo de seguro es exquisita, más aún estando en el País del hierro ¿No crees? Su piel sería un buen abrigo —Su tono de voz cada vez se volvía algo más divertido como si tratara de hacerle ver que realmente, estaba amenazándolo de la manera más descara posible. Después de todo la descortesía desde su punto de vista era un buen modo de alarmar a una dama como ella que siempre estaba dispuesta a enseñar sus garras. —Tranquilo, si viniese a por tu dinero no me hubiese cortado un pelo en darte una buena paliza, pero no, no es algo que me interese. De hecho me interesas tu — Finalizo a la par que apartaba la mano de su mejilla y se alzaba ligeramente desde su asiento, apoyándose sobre los codos y aproximándose a la par que su dedo se iluminaba mostrando una corriente de chakra que fue a parar frente al peliazul y dejando una marca en la madera. —Y deberías saber que señalar es de mala educación — Tras decir aquellas palabras retrocedió y se dejó caer nuevamente en la mesa mientras le observaba, apoyando el codo en la parte trasera del asiento.

Mientras toda su atención se fijaba en el desconocido la regente de aquel bar se aproximo a la mesa, colocando así lo que parecía la comanda del forastero y la dejo sobre la mesa mientras los observaba a ambos algo curiosa. —Vaya, que bonita pareja ¿Como es que no encargaste nada para tu novia? — Regalando esas palabras para ambos shinobis que provocaron una amplia sonrisa e inocente por parte de la pelimorada que a ojos de la señora parecía verse como toda una dama repleta de modales.



Aclaración: Nada sexy que decir.






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Re: Tomando un dulce sellado (Priv Quinn)

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