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Misión D: la medicina peligrosa

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Misión D: la medicina peligrosa

Mensaje por Nova Seigran el Vie Sep 08, 2017 12:26 am

La mañana amanecía con algo de niebla como era habitual en aquella villa oculta. El sol apenas ofrecía sus primeros rayos de luz, alumbrando muy tenuamente los edificios y lugares de aquella ciudad cuándo el joven Nova ya se hallaba despierto, terminando sus rezos diarios para dar gracias al universo y a la naturaleza por poder seguir viviendo un día más... una extraña creencia que parecía ser más una forma de vida, una ideología o filosofía que el chico guardaba con tesón en su alma. Los rezos no le llevarían toda la mañana, solamente le quitaban unos minutos de su tiempo. En poco tiempo, justo al tocar el primer rayo de luz sus ropas, el chico se hazlo del suelo de donde estaba rezando y emprendió rumbo a las afueras de la aldea.
La razón que motivó su ida a las afueras de la aldea, fue porque el día anterior recibió el deber de cumplir con una misión. La tarea en si le obligaba a ir hacia unos famosos lagos de Kirigakure en donde crecían raras plantas medicinales, necesarias para hacer la medicina de la solicitante de la misión. Nova no pidió más detalles del asunto, solamente quería cumplir con el encargo lo más rápido posible y evitar el trato con la administración de la villa, cuyo sistema no estaba muy de acorde a los ideales del chico aunque por ahora eso no tenía importancia. Su máxima prioridad era encontrar aquellas plantas en el menor tiempo posible con la única ayuda de sus habilidades que por desgracia no estaban muy indicadas para el rastreo o búsqueda de elementos. Aún así no desistiría en su empeño, tenía que conseguir aquellas plantas como fuese en ese mismo día, ya que el encargo tenía como fecha límite las siete de la tarde.

Las palabras pronunciadas por aquella mujer se grabararon a fuego en la mente del chico, sabía que debía hacer y como buscar pero el azar sería el elemento definitivo que decidiría su suerte. Así pues y una vez que el chico hubo llegado a los alrededores de las puertas de la aldea, en las afueras, se adentró en uno de los bosques cercanos que ofrecería quizás el primer hallazgo de su tarea. Debido a que la luz del sol aún no era muy eficiente, el chico no paraba de recibir golpes de algunas ramas que apartaba pero que volvían a su posición inicial, propinándole algún que otro golpe en mejillas y nunca principalmente, pareciendo que la naturaleza se estaba divirtiendo con ese sujeto. Sin embargo, los débiles golpes que recibía no eran lo suficientemente fuertes como para desmotivar su empeño, no cedería al abandono y prosiguió con su búsqueda de las plantas que debía de encontrar. Su largo caminar, al fin le llevo a un lugar ausente de matorrales y arbustos, se trataba de un ancho campo hierba que apenas llegaría a la altura de sus tobillos. Era confortable la sensación de no sentir el golpe de las ramas, pero más bien, su sensación de alegría era causada por el hallazgo de una de las primeras plantas que estaba buscando, la más común en encontrar. La arranco de entre las hierbas y la depositó en un tubo transparenta que conservaría las plantas casi en su forma natural.

Pero las búsquedas que le prosiguieron no fueron tan fáciles ya que las cuatro plantas restantes se encontraban en lugares de difícil y complicado acceso. La segunda planta crecía en el interior de las colmenas de abejas y como consecuencia de ello, Nova se llevaría varios aguijones en brazos como recuerdo de esos simpáticos insectos. La tercera planta se trataba de un alga marina que crecía únicamente en un lago cercano de ahí pero que era peligroso por contener en su interior peces que despedían electricidad de sus branqueas y aletas a modo de defensas, cómo consecuencia de esto Nova sentiría intensas sensaciones cálidas en su cuerpo similares a un masaje dado por un turco de cincuenta años con cables eléctricos como manos. La cuarta planta se trataba de unas setas que tenían la extraña habilidad de disipar un aroma que inducia a la persona a ilusiones ópticas que principalmente generaban los peores miedos de una persona, para ese entonces Nova recordaría su Anatidaefobia y las alucinaciones le harían creer que cientos de patos le estarían mirado fijamente, acercándose con la única intención de seguir observándolo … algo que a Nova le producía extremo miedo y estrés, teniendo que correr a ciegas entre todas esas aveces, chocando contra innumerables árboles hasta que al fin consiguiera atrapar el hongo. Y ya para finalizar, la última planta que debía de buscar era extraña planta aparentemente inofensiva y normal, fácil de hallar por su popularidad que sin embargo, no era por su belleza sino por su extraña habilidad de generar un líquido a partir de su sabia que producía una rápida combustión en forma de explosión, aún así, el recoger esa planta debería de ser una tarea fácil si se tomaran las medidas oportunas como guantes aislantes o ignífugos... pero por desgracia, esa planta tenía un irresistible sabor para las ardillas que habitan ese bosque, diminutos y feroces animales que defienden esas plantas como si su vida dependiera de ello. Así pues, Nova terminaría la misión contra ardillas que arrojarían plantas explosivas desde la copas de los árboles y contra otras ardillas kamikazes que recordarían a unos famosos soldados de una guerra de un alternativo mundo.

En consecuencia, la aventura fue inolvidable para el pobre usuario de origami. Finalmente consiguió recoger todas las plantas que le fueron pedidas e hizo su entrega antes de la hora acordada no sin antes recibir una bronca de la abuela que le asignó la misión, aludiendo que igualmente tardó en cumplir un encargo sencillamente fácil de realizar, teniendo que resistir las ganas de llevar a aquella anciana al hábitat de las ardillas.

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Re: Misión D: la medicina peligrosa

Mensaje por Kishue el Vie Sep 08, 2017 12:43 am


MISIÓN ACEPTADA


Pago (Nova):
Pago por post: 1.5PN
Bono de misión D: 1PN
Total de PNs: 2.5PN
Pago de misión D: 500 Ryos

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