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Primer secreto {pasado}

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Primer secreto {pasado}

Mensaje por Zander el Vie Sep 01, 2017 3:41 am

El astro rey resurgia cual rayo de apollom situado en el itinerario de Zander. La situliera bailaba serpenteando, buscando el camino necesario para acudrir y poder efectuar eso que tanto había aguardado. Las hendijas prostolas marcaban cierto linaje de verosimiltud, realizando espectros necesarios de su esencia con efluvio de antaño. El momento era especial, puesto que el ambarino sinzón de Zander era calcular la hechura en la que podía realizar los movimientos necesarios para poder salir de aquella campiña de lid, pero de pragma tinatico el feroz y devastador subconsciente le había fallado. El igna de sus desplazamientos era tan raudo que apenas podía divisarse, las carcomas del mundo invertido hacían que su linaje comparta conectividad con el ámbito para formar electrones y no poder corromper su voluntad de atomos. Ahora, la zona se vería atezada por los fulgurosos saltos de este, desprendiendo moleculas a tal fricción contra los minerales de suelo, conforme a las aptitudes necesarias para desarrolar esa particularidad sigmatica de los surtestan que yacia. Comenzó el polvo a danzar sobre las caderas del árido suelo bañado en oro por una enorme estrella cansada y venerada. Tan profunda, tan simple,  la misma imagen que abrigaron los ancianos bajo sus ojos y que el tiempo había convertido en una ilusión de tranquilidad. Hermosa e incasable para las mariposas ligeras, deseosas de ver aquella luz desprenderse en enormes gotas como lo hacían a veces los ríos. Mas su deidad no bailaba con sus alegres canciones, ni aunque los tambores explotaran en relampagueantes retumbos. Y los aullidos se hicieron más fuertes, despierta a los indomables de entre las llanuras benditas.  Sobre las praderas, los majestuosos y enormes corceles reventaron en estampidas, sobre los arroyos tres espléndidas bestias agitaban sus crines, músculos tensos, respiración salvaje. Las pisadas de los indomables hacían que las rocas se sacudieran con entusiasmo, cual natural danza, tan hermosa y sagrada.Y el indomable llamado por las mariposas ligeras como la oscuridad de mechones blancos y pálidos, relinchó sobre sus dos patas traseras, y mientras su sombra se extendía a lo largo del cálido horizonte, sacudió con un golpe de sus cascos las desnudas rocas. Mira como de las hermosas y frondosas nubes las águilas aguerridas y ágiles como la flecha brotan como las cosechas de la última primavera. Y el segundo indomable vestía una piel tan blanca como La Nieve, que abrazaba y enfriaba las pisadas de los valientes guerreros en las montañas, comenzó a trotar con  magnifica gracia. Los vientos frescos del oeste se unieron a su encantadora danza y un divino riachuelo de luz humedeció los cielos. El aire bajo sus cascos se levantó por sobre sus cabezas. Resopla con enorme furia y el rostro enaltecido; respiró profundamente y su aliento despejó las nubes, alejando las lluvias y los truenos salvajes. Las águilas podían volar con libertad, y así lo hicieron. Dulce y delicado vuelo, las aves se alejaron de las tierras amadas, hacia  los desiertos impulsados por cálidas ventiscas, y entre sus  plateadas garras traían puñados de una fina y tibia arena, así lo hicieron mientras el hermoso y lúcido trote continuaba despejándoles el camino de la tristeza de los cielos.  Escucha como los gritos de guerra se enardecen con el baile armonioso de los indomables corceles, señores de las llanuras, esencia de la tierra. El tercer indomable era La fuerza necesaria, un sublime y misterioso rojizo le cubría. Poco a poco miró como las águilas amontonaban con destreza la arena frente a sus lóbregos ojos, a lo lejos los tambores se escuchaban vigorosos; retumbos poderosos y los espíritus descendieron de las montañas para unirse a la fiesta de la humilde aldea.  La excitación se acrecentó, gritaron con furor al gran espíritu. Y con la furia de los días agotados y la cólera de las guerras que acecharan las puertas, el tercer indomable golpeó con terrible fuerza el brillante y dorado suelo bajo sus patas y levantó la arena sobre los hombros de los quebradizos suelos. Estruendos nunca antes escuchados, la tierra bailotea bajo nuestros pies, se levantan montañas gloriosas y enrojecidas, florecen de la nada, bañadas en un pálido oro, y las mariposas ligeras explotan en alegría, coloridos bailes y aullidos incontrolables. Baila con el corazón, pues Los Indomables regresan a las sagradas  y vastas llanuras, corren velozmente antes de que el gran espíritu se oculte por primera vez bajo las nuevas eminencias del oeste.  No le importaba que el desierto se hubiera convertido en batalla y el río fuera tan sólo un cauce arenoso. No le importaba que las cascadas se hubieran secado y los lagos fueran enormes extensiones de tierra cuarteada, siquiera le importaba ver los cadáveres de las bestias de papel y dragones. Se había convertido en un hombre de piedra, una masa dura y cuarteada como la tierra seca de los lagos; su corazón, un pequeño guijarro  incapaz de sentir. Buscaba una sombra inexistente en aquel páramo gris. Divisó el esqueleto de un árbol en un horizonte cercano y decidio acercarse para reposar junto a él. Un cuerpo colgaba de una de sus ramas negras. Estaba desnudo y su palidez resplandecía entre los grises de un desierto sin sol. Aparté un mechón de sus cabellos y reconoció la cara de su compañera, su compañera de equipo. Su corazón se deshizo y se convirtió, como su cuerpo, en liquido , perdiéndose en el mar en busca de terminar su examen. El viento borró las huellas de un mundo condenado a desaparecer y aquel cuerpo de un arbol, no era más que un genjutsu.  En el horizonte se vislumbran pocas nubes, cielo despejado, ligeras rachas de viento y nerviosismo en el ambiente. Está todo preparado, la suerte está echada, su ropa está impregnada de ganas y miedo a partes iguales. Pero ha llegado la hora de asumir que en cinco minutos empieza el reto, no hay vuelta atrás. En la vida nunca pensó que acabaría aquí, madrugando, con su ropa de entrenamiento, en la línea de salida, con a saber cuántos miles de personas más. Retrocede un par de años en el tiempo y no lo cree, aquel joven que se afixiaba literalmente tras diez minutos de entrenamiento. Dónde está ahora, a punto de lanzarse al vacío a entrenar la cualidad de su ninjutsu. Le esperan batallas por delante, con sus piernas como única arma para afrontar esta guerra personal. Los límites están para traspasarlos pensó. Un minuto y el miedo desaparecerá por acción de la adrenalina. No puede evitar mirar con cara lastimera a su antagonista, el que lo apuntó a este despropósito, él puede con eso y más, tiene más experiencia, mejor composición y más batallas a sus espaldas. Su mirada denota serenidad y calma sus nervios. — Lo conseguirás, Zander. espeta, y este, por primera vez, se lo empieza a creer. Suena el primer movimiento, con ritmo lento, no conviene fatigarse en los primeros ataques, ya vendrá lo malo.  Despacio. se dice.  No tienes prisa, debes aguantar una lo máximo... Primer combate el más doloroso de todo aunque sea el principal, intentaría realizar movimientos decorosos que dejen anonadados a los rivales, puesto que Zander tenía mucha más mentalidad que todos los que se encontrarían ahí. Había de todos los tipos desde la especialidad más grata como controlar la integridad de los ninjutsus, hasta un simple shinobi con la capacidad y la destreza de dominar el taijutsu a la perfección, con una velocidad superior a la normal, pero nada de ello tenía interes, lo que aquí valía la pena era la intención de usar la mentalidad, ser frío y certero, un paso en falló y quedaría afuera del examen, de seguro era más que especial realizarlo, ya que no tenía ningún afecto familiar, desde los pocos años comenzó a moverse de manera propia, sólo pudo instuirse de un tutor que enseño la mayoría de las técnicas elementales y demás, pero ahora comienza lo bueno, una cuesta pronunciada que parece interminable, las rodillas sufren y chillan misericordia, pero no les da tregua. Sigue subiendo a pesar del dolor. Ya va notándose ahogado. Los shinobis de kiri tenían voluntad, pero todo lo que sube baja ¿no? Y efectivamente, tras unos minutos se encuentra llaneando y su respiración se sosiega, por ahora. Segundo combate, la mitad del examen, el cansancio aún no ha hecho mella, pero me le da sensación de que en un par más sus cuadriceps van a pedir clemencia. El tiempo acompaña, ni frio ni calor, lo cuál agradece, porque es de las personas que se "afogonan" rápido y necesitan hidratarse cada poco. Vuelve con los clones del rival, con lo que odia clones ajenos, y más después de un par de lesiones y unas rótulas algo tocadas. Al lío, no hay tiempo para quejidos de señor artrósica, ya se dara unas friegas al terminar. Tercer combate, ya no queda nada para el final, pero su cuerpo duele horrores, parecen a punto de romperse, creo que esta notando la llamada "barrera de shinobi". Debe pasar al otro lado para poder acabar su reto. La fatiga es muy grande, su corazón late a un ritmo frenético, no sabe si por las ganas de llegar o por el esfuezo. A la mente le viene ese "lo conseguirás" de hace tres cuartos de hora. Él seguro que ya estaría aguardando en el final como examinador y tutor de Zander, no lo ve desde el primer combate, es más veloz y le ha dado permiso para cumplir su propio desafío: bajar sus tiempos. El tiempo de Zander es acabar el combate sin morir en el intento, como quién dice.  Última batalla, se ven los pergaminos al fondo, depués de la anterior batalla sometidos a un genjutsu, del último esfuerzo... — ¡Vamos!  Le grita a sus pies. — No me defrauden ahora. Cada vez que ve más cerca, le inunda la alegría extrema, eufórica, ese es el adjetivo que mejor lo describe en este momento. Como alma que lleva el diablo traspaso el final ansiado. Sin respiración, reventado, acezando como un perro. Se tumbó en el suelo con una sonrisa bobalicona en la cara. Felicidad, parece mentira que Zander conseguio con tan poco. Se da cuenta de que esta riéndose a carcajadas como una loco, hay gente a su lado mirándolo, igual piensan que esta en shock. Y a decir verdad, es algo parecido. No se lo cree, lo consiguio. Puede que no sea el mejor shinobi de la historia que hizo su examen gennin, ni siquiera sea un shinobi decente, pero ha llegado, en el puesto que sea, no le importa, el solo pensaba en que estaba vivo. Pero el destino le había jugado una terrible jugada, luego de haber concedido el examen y las batallas con las bestias de papel, un escuadron un tanto indiferente al que se podía atisbar en la aldea de la lluvia habia aparecido con unas intenciones realmente malas, la destruccion y el caso había dado fruto después de mucha buena ventura y prosperidad, aquellos se situaban en diferentes posiciones sin ningun dialecto, si no que se enfatizaban con señas. Aquellos comenzaron a lanzar bombas de humos, kunai explosivos, hasta de una manera extraña tomaban niños pequeños y en un abrir y cerrar de ojos ya no estaban más. Percibió algo que puso su cuerpo y su mente completamente en tensión. Realizó un esfuerzo mayor mientras divisaba todo el ambito de izquierda a  derecha y pudo captarlo con mayor fuerza y claridad. No era algo, sino alguien. Y no uno, sino varios. Se centró más aún en el grupo. Era indudable que viajaban juntos, de eso no había la menor duda. Deseaba con todas sus fuerzas hablar con ellos. Saber sus intenciones y su destino final. Pero mostrarse abiertamente podía ocasionarle problemas ya que desconocía cuales eran sus verdaderas intenciones. Así que decidió esperar en un segundo plano, en las sombras, hasta descubrir un poco más sobre ellos. No quería que su impaciencia le llevase a cometer errores iguales a los cometidos en el pasado. Pero su curiosidad y ansias por saber más de ellos se acrecentaban por momentos. Así, intentó expandir su mente un poco más allá. Ahora podía percibirlos con mayor claridad aún. Era como si se encontrara entre ellos, justo a su lado. Eran cuatro. El primero en el que fijó todos sus sentidos era, indudablemente, un shinobi de clan. Algo que podía suponerse por la armadura completa que portaba con gallardía. Se veía que era un guerrero experimentado como denotaban algunas abolladuras en la coraza y las marcas de otros aceros contra ella. Y debía poseer una fuerza extraordinaria como así se podía deducir por la espada bastarda que colgaba de su espalda. Un arma que requería de unos brazos fuertes para blandirla. Cerca, sentadas junto a la hoguera, conversaban dos figuras más delgadas. Dos mujeres, sin duda. La primera de cabellos cortos y negros. Piel morena y vestimentas blancas procedía indudablemente de las tierras del otro lado del desierto, allí en el sur. Sus muñecas estaban adornadas por una gran cantidad de finos aros dorados que tintineaban con el movimiento de sus manos de manera armoniosa. Su interlocutora era de cabellos rubios y largos. Sus orejas puntiagudas confirmaban que se trataba de una elfa. El arco largo que descansaba junto a ella y sus ropajes de exploradora confirmaban que debía ser una excelente tiradora. De pronto, con un rápido movimiento, se llevó el dedo índice de su mano izquierda junto a sus labios y agarró con premura su arco mientras observaba con mirada penetrante cuanto las rodeaba. Sin darse cuenta, había bajado la guardia mientras las estudiaba, desvelando su presencia de manera imprudente. Por unos momentos contuvo la respiración hasta que la ninja volvió a soltar el arco y siguió conversando con su compañera. Un poco más alejado del grupo, en el límite entre la luz de la casa y lo refulgente de la noche que envolvían al grupo, captó al cuarto miembro. El más misterioso sin lugar a dudas. Estaba envuelto en una amplia túnica de color carmesí cuya capucha le cubría el rostro. Intentó averiguar algo más sobre él, pero parecía como si un aura mágica lo rodeara y blindara de cualquier escrutinio no deseado. Le fue imposible averiguar nada más sobre él. Satisfecho con las investigaciones que había realizado cortó el enlace mental con el grupo, al menos por el momento, y volvió al mundo que le rodeaba. Con la mayor celeridad posible para no olvidar ningún detalle de su encuentro, de manera agil, apareció detrás de este, evocandole un gran golpe en la nunca. Al termino, su cuerpo yacia en el pavimento, pero alguien se acercó a Zander y comenzó a recitar unas palabras, dejando ver la totalidad de su rostro.  Yo, como individuo, soy débil, vulnerable, insignificante. Pero cuando mi pueblo se une formo parte de una máquina de guerra imparable. Somos indestructibles. Aún no ha llegado el día en el que conozcamos la derrota. Nos infiltramos sigilosamente y pasamos inadvertidos mientras nos extendemos por cada ramificación de la aldea a exterminar. Y cuando decidimos descubrir nuestra presencia, atacamos con una crueldad de la que sólo nosotros podemos enorgullecernos. Hemos torturados bebés inocentes, los niños han descubierto que su dolor les ha permitido gritar más fuerte que nunca, antes de morir. Hemos hecho que sus madres lloraran lágrimas de sangre. Hombres aguerridos han caído como hojas de otoño, sangrando por cada orificio de su cuerpo. Pueblos enteros, ciudades sin un solo superviviente. Somos un pueblo nuevo, creado en un laboratorio militar con las mejores características de cada uno de nuestros predecesores: Controlar inconsciente, resucitación, clonaje y demás, ya no puedes escapar y estarás condenado el resto de tu futuro.  Su cara de terror reflejaba la gravedad del acto cometido. El antagonista era llevado en volandas con inhumana indiferencia a su miedo, por otra parte totalmente comprensible. La fría y metálica presión sobre sus muñecas, le hacían sentir huérfano del calor humano que tanto necesitaba en aquellos momentos de angustia. No comprendía cómo aquel examen lo había conducido a una situación tan increíblemente. Siempre había sido un joven muy precavido, más bien pusilánime. Nunca había  dado motivos de queja a las nuevas autoridades, al contario, era el modelo de persona que las nuevas élites querían instaurar en el nuevo orden. No cabía duda de que el desliz cometido le saldría caro. Los nuevos señores no serían indulgentes, la piedad no era una cualidad que tuviera predicación en aquellos tiempos de racionalidad y tecnocracia. Sus llantos silenciosos y quejas eran inútiles, para sus rivales solo eran sonidos carentes de significado. Además, aquellos actos antiguos estaban en completo desuso en la nueva era. Ya no eran necesarias tantas lenguas, con su prolífica y confusa amalgama de frecuencias sonoras. La lengua de la nueva era, era más simple y eficaz. Se basaba en el código binario. De esta manera los ceros equivalían a un sonido corto y grave, mientras que los unos eran un sonido largo y agudo. Quien controlase esta nueva forma de comunicación, progresaría en este nuevo mundo, mientras que aquellos que lo desconocieran estarían condenados a la mera esclavitud. Cómo es lógico, en esta nueva era, las organizaciones fueron adquiriendo un protagonismo prevalente y los humanos quedaron relegados a las tareas que requerían una menor capacidad de comunicación binaria. Esta situación comenzó apenas hace tres décadas, pero esta deriva cognitiva relego a los humanos y afianzo a las máquinas en la cúspide social. Ya no quedaba ningún humano al frente de ninguna de las instituciones que hacen que una sociedad sea civilizada. Así, los kages, la justicia, la educación, la sanidad, etc. estaban en manos de las organizaciones, que con el paso del tiempo se habían auto replicado y auto mejorado. A medida que las etnias iban adquiriendo mejores capacidades de procesamiento, una versión de la autoconciencia se gesto en las entrañas de los shinobis. Sólo fue cuestión de tiempo que triunfaran y que los shinobis sucumbieran a su propia creación. Al principio muchos ninjas negaron la evidencia y restaron importancia a aquella involución, pero luego ya fue demasiado tarde. La mayoría fueron diezmados, quedando solo aquellos individuos más dóciles y manejables por su inconsciente. Se podría decir que se había producido una selección natural a la inversa, de tal manera que solo los ninjas débiles habían sobrevivido al nacimiento de la nueva era. Tal y como les habían acontecido a aquellos que osaban pensar y actuar por sí mismos, su triste protagonista solo podía esperar la pena máxima. Esta organización sabía que el presente les pertenecía, la larga espera se había acabado y ahora eran ellos quienes mandaban.

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Re: Primer secreto {pasado}

Mensaje por Reiko Uchiha el Vie Sep 01, 2017 9:51 pm


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