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Ojos Rojos

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Ojos Rojos

Mensaje por KID el Miér Nov 15, 2017 4:25 am


Ojos Rojos


  Parte I

Ser shinobi no solo se trata de ir a la guerra cuando El Rayo lo necesita, o defender la frontera de shinobis invasores. Muchas veces el enemigo es interno y el trabajo está en casa. Combatir la injusticia es muchas veces la misión que consume tu vida. Kid tenía eso en claro. Después de todo tenía bastante contacto con las zonas marginales de la Villa. El hambre mueve pasiones peligrosas, difíciles de reprochar. Si bien el Raikage mantenía a los habitantes de Kumogakure en paz y dentro de un clima de prosperidad la desigualdad existía en el resto del País del Rayo y los refugiados no tardaron en llegar a la Villa con pedidos de auxilio. Por supuesto Kuro era un hombre de gran sentido del deber y abrio las puertas a centenares de hombres, niños, mujeres y ancianos que buscaban un escape a su propia desgracia y a la creciente violencia que se desarrollaba fuera de los muros de Kumogakure. Ciertamente son los miembros de la clase más alta del País del Rayo quienes generalmente contratan a los shinobis para misiones dentro del país y de algún modo financian la vida del ninja. También es cierto que en sus propias luchas por el poder son quienes mayor cantidad de muertes provocan, en uno, otro bando y tristemente por el fuego cruzado. Los peces gordos contratan matones para "liquidar" a la competencia, los peces pequeños se unen para combatirlos. Luego un caudillo fuerte lidera esa amalgama de peces de estanque convirtiéndose en otro depredador. Todos los bandos contratan jóvenes de los barrios como soldatos, esclavizan a cultivadores de la montaña para cavar la mina, saquean a los pescadores de la costa para alimentar a sus ejércitos y prostituyen a las mujeres en redes de trata. Nadie quiere quedarse fuera del juego. Un país rico es un país en guerra, aunque las fronteras estén seguras. La pregunta que muchos bodhisattvas se hacen es hasta cuando Kuro Yotsuki permitirá esta desigualdad. Pensadores y shinobis veteranos confían en que no será por mucho. Y que inevitablemente la corrupción será purgada, aunque eso costara una guerra civil. Tai Pai Hyuga es uno de esos pensadores. Y Kid suele escuchar sus contemplaciones en un silencio neutral.

-¿Has comprendido?
Dijo el sensei a su alumno luego de ejecutar el Kosa Ho antes de que el puño de Kid impactase por debajo de su costilla, evitando así cualquier daño y dejando el brazo del niño algo entumecido.

-No verdaderamente. Si bien Kid era bastante rápido entre los gennin, su maestro lo superaba ampliamente. Y ese dojutsu del ojo blanco casi nunca dejaba que su defensa fuera penetrada. Era una imponente combinación el estilo defensivo del Kosa Ho junto a la visión de 360° y las redes de chakra del byakugan.

-No te preocupes por lograrlo aún. Más importante es que comprendas esta frase: no llega a la victoria quien destruye un obstáculo, sólo quien comprende su naturaleza.

-Si maestro. El chico era obediente y no por eso perdía su independencia. Por el contrario cada vez era una sombra mayor sobre el pensamiento de su tutor. Se acercaba el día en que el clan Yotsuki reclamara los derechos de instruir al niño. Y en algún punto eso lo asustaba. Sentía que su trabajo no estaba hecho; quizás nunca dejaría de sentirse así. Más terrible era la incertidumbre de saber si el clan Yotsuki solo tenía la ambición sobre el niño que podía ser un nuevo prodigio en la Villa. Si lograban manipularlo para cumplir únicamente los objetivos de los Ancianos se adueñarían de su Voluntad, y entonces de su futuro. Al final solo podía confiar en que Kid no olvidara cada una de sus enseñanzas y se mantuviera libre de los intereses de otras personas. Kuro Yotsuki era fuerte y podía mantener a los Ancianos a raya, pero como toda bestia que se encierra miran al carcelero con sangre en los ojos.

Luego de un momento de silencio KiD disparó para romperlo. -¿Terminamos? Inquirió. Aunque la respuesta era obvia.

-Aún Hay algo que quiero enseñarte. Vas a necesitarlo en el futuro. Diría el Hyuga tomando un pergamino de entre sus ropas y extendiéndolo en el suelo entre ellos. En su interior había un símbolo pintado. Un símbolo que KiD no conocía.

-¿Lo reconoces?

-No.

-No deberías... Dijo el maestro a su pupilo mientras volvía a guardar el pergamino. -Es un símbolo antiguo. De una tierra lejana... Mi Tierra.

-¿El País del Fuego?

El Hyuga asintió con la cabeza y continuó la explicación. -Es el símbolo de uno de los primeros clanes, más fuertes y más misteriosos de la Aldea de la Hoja. Hizo una pausa para respirar, como si intentara recordar, aunque verdaderamente las imágenes eran tan frescas como el olor de la sangre y el ardor de la ceniza. -El clan Uchiha al igual que el Hyuga fue uno de los fundadores de la Aldea de la Hoja. Durante años el más temido por el resto de los clanes. Su genjutsu es de un poder tan terrible que solo unos pocos pueden escapar de sus ilusiones y quienes las han visto han perdido la razón permanentemente. Clavó su mirada albina sobre el muchacho. -Su poder radica en el odio. Un odio ancestral difícil de comprender e imposible de acallar. Ruge en lo profundo de su sangre y brota por sus ojos.

Kid sintió la caricia helada y ardorosa de la muerte recorriendo su cuerpo como una brisa maldita que sopla secamente en el rostro de los sedientos. -Sus..

-Los Uchiha poseen un doujutsu al igual que los Hyuga, pero muy diferente en su forma y su poder. Tai Pai puso una palma tapando el ojo izquierdo de su alumno. -El Ojo Blanco ve a través de las ilusiones; puede ver el chakra, la forma más pura de cualquier ser vivo. La forma en que la vida se conecta, el idioma traducido en tu cuerpo. Luego retiró la mano y posó la otra mano en su ojo derecho. El niño se dio cuenta de que su expresión bondadosa había cambiado. -El Ojo Rojo, ve el mundo físico con precisión. Un mundo lleno de carne y ansiedad, listo para responder al instinto. Para devorar y destruir. Habiendo dicho esto relajó su temple y prosiguió. -No todos los Uchiha son crueles. Podría decirse que es una cuestión de ideologías. Algunos sostienen que destruir es la única forma de volver a crear y que el mundo solo sigue vivo por su capacidad de regenerarse. Es innegable que el poder de crear mundos ilusorios es un don creativo invaluable; es la forma en que se usa ese don lo peligroso. Cada ser es responsable de sus decisiones. Sin embargo cada hombre nace con el karma inscripto de su linaje. Y son pocos los que escapan a un destino de repeticiones, girando eternamente en la rueda de las reencarnaciones. El sharingan es una pesada herencia que puede torcer el destino de una guerra para bien o para mal.

-Sharingan. Esbozó el niño asombrado ante el nuevo conocimiento que su sensei le impartía. Jamás había hablado sobre la existencia de otro doujutsu que no fuera el byakugan. Toda esta historia era fascinante. Pero recordó ese par de palabras antes pronunciadas. ¿Por qué era tan necesario conocer la naturaleza del sharingan?

-Hay al menos un Uchiha viviendo en el país. Los ojos de Kid se abrieron como dos perlas gigantes de la costa del Rayo. -Quiero que los conozcas. Quiero que entrenes con ellos y domines su estilo. Si lo logras te abras puesto por encima de la mayor parte de los shinobis del mundo. Aunque estemos tan lejos del fuego y quizás nunca te enfrentes a los shinobis de la hoja el clan Uchiha es poderoso; pocos conocen sus técnicas. Pocos saben como contrarrestarlos. El niño asintió con una reverencia, aceptando la prueba y el honor. -No te engañes Kid. Los Uchiha no solo usan ilusiones. Aunque dominaras el estilo Hyuga el taijutsu Uchiha es muy diferente. Poderoso en la ofensiva, ágil en la defensa. Su doujutsu logra percibir ataques que para el ojo normal serían imposibles de adivinar. No tendrás que ser rápido. Tendrás que ser inesperado. ¿Crees poder hacerlo? El niño respondió sin dudar. -Creo y lo haré.

El sensei no estaba del todo conforme con la respuesta, pero sabía que era sincera. -Entonces cambiaremos nuestro entrenamiento hasta ahora. Dijo poniéndose de pie abriendo las piernas en la pose habitual pero cerrando el puño izquierdo por detrás de la cintura y poniendo la palma derecha perpendicular a diferencia de la palma abierta horizontal que invita. -Esta vez tomaré la ofensiva y quiero que desvíes cada golpe. No importa que parte de tu cuerpo uses, no quiero verte saltar fuera de mi rango. Quiero que bloquees y busques la apertura de mi defensa para estocar como yo lo hago.

El niño no dijo más y tomó la misma pose de pies, con las piernas enfrentadas y ambas palmas al frente, la izquierda abierta recta poniendo distancia y la otra al costado del cuerpo por debajo del pectoral abierta y hueca como un cuenco para recibir.





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