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Primer Danza [Entrenamiento - Autopost]

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Primer Danza [Entrenamiento - Autopost]

Mensaje por Fuji Raikomaru el Dom Oct 22, 2017 2:46 am

El agua fluía, caía como mares sobre el torso desnudo de aquel joven. Ojos carmines sellados entre sus parpados, meditando sobre el todo, sobre el ser, sobre sí mismo y quizás, solo quizás, sobre que hacer. El universo seguía un baile eterno, simple pero bello en su simpleza. El manantial helado que caía sobre su espalda poco a poco iba limpiando las penas, el dolor, las pasiones. Pensó por unos momentos en el abandono, en el olvido, en el miedo, en sus enemigos.

Decidió entonces realizar un sello de manos para concentrar el chakra alrededor de su cuerpo, un pequeño resplandor de verdor esmeralda sobresalía tenue, leve, a la par que su mente alcanzaba un foco de plena concentración. Poco a poco su cuerpo en reposo mostraba los signos del agua haciendo mella por la potencia de la caída de aquella cascada, hematomas leves, rojizas partes de sus hombros heridos cual fuertes golpes. Pero él, iracundo como era en su naturaleza, debía mantenerse concentrado.

Eliminar nuevamente las distracciones, entrenar la mente, el temple. Su cuerpo seguiría ese camino, pero ahora mismo el objetivo era resistir el torrente cristalino sin sentir la ira, el dolor, el miedo. El frío del agua corriendo por su cuerpo, calando sus huesos, inquisidora pero en armonía. Decidió abrir ambos orbes, posando la mirada en los pájaros que bebían del pie del arroyo, de las abejas polinizando las flores en un vuelo casi sincrónico, el movimiento de la hierba con el viento que para él no era tan suave, puesto aumentaba el frío.

Su piel temblaba, su cuerpo le pedía removerse del frío, pero su mente debía mantenerse enfocada en el entorno. Pues él, tan humano y frágil, no era más que una parte más en ese todo. Él debía ser tan dócil como la hierba danzando con el viento en un suave coqueteo, como las abejas que apenas posaban sus patas para darle a la flor el dulce beso de la nueva vida. — Ahora entiendo —Comentó antes de levantarse, saltando por las pequeñas plataformas que sobresalían de entre las aguas para llegar a la orilla nuevamente.

Giró sobre sus talones para contemplar la enorme cascada, y entonces, realizó una profunda reverencia a modo de saludo. Porque esa cascada había sido un maestro, un amigo, un compañero y un rival.

Tomó el abanico que reposaba incrustado en la tierra, corriendo con el pie derecho uno de los conejos que olisqueaban el enorme instrumento ninja. — Es peligroso, no querría herir al curioso —Exclamó observando al conejo, antes de sentirse ridículo por charla risueño con un animal.

Elevó el abanico sobre su hombro derecho, antes de realizar un movimiento de cadera para girar sobre su eje ondeando el arma. Pese al gran tamaño de la misma, debía poder manejarla con la gracia del viento entre la hierba, con la fluidez del agua fluyendo río abajo, y con la suavidad con la que las abejas posaban sus patas ante las expectantes flores. El peso del arma lo derribó cuando su pie de soporte no fue lo suficientemente estable, pero no era hora de rendirse.

Nuevamente se levantó, y comenzó esa danza que coqueteaba con lo prohibido para un vándalo, ese arte tan suave que su tosca apariencia llena de cicatrices nunca podría dejar a la suposición, de buenas a primeras, ni para el mas perceptivo de los rivales. Pues él, era un artista, y así amaba llamarse. Giró sobre sus talones, artista y arte, ondeando el abanico para acompañar los movimientos de su cuerpo. Sus hombros dolían, posiblemente un mal movimiento del enorme objeto supondría un desgarro.

Abrió ligeramente el pliegue del abanico, mostrando la primera de las lunas, y entonces el viento meció los alrededores acompañando esa danza. Pues él, desafiaba a un duelo al viento mismo, como una pelea entre dos amantes que terminaría sin duda con palabras de dulzura, miradas de pasión y tal vez, promesas que nunca se cumplirían.

La planta de sus pies descalzos giraban derrapando en la tierra desnuda, a la par que una pequeña nube de polvo en queja se elevaba, para que los remolinos de viento que rodeaban la danza del usuario del abanico terminasen desvaneciendola a modo de reproche, de llamado de atención.

El armonioso danzar del mismo hombre que la noche anterior había, en este de ebriedad, golpeado a cinco otros ebrios, le dejaba una clara idea de lo que es el balance. El salvajismo, la destreza, la armonía, la belleza. Él tenía la fuerza del cambio, en su danza, su abanico, su chakra.

Giró nuevamente ejecutando el movimiento final, para elevarse por los aires junto al remolino que lo rodeaba para terminar cayendo junto a las hojas otoñales que se habían sacudido por la ventosa performance del gennin. Planeaba en caída, no más de diez metros que parecieron cien, donde un momento efímero se convirtió en un eterno testimonio de lo que la pureza representaba para él.

El paso del tiempo, la renovación, el cambio. Él debía mutar, pero, solo después de descansar. Su cuerpo entumecido cayó al suelo, sus hombros temblaban, sus rodillas no podían mantenerlo en pie, los dedos de sus manos se contraían en contra de su voluntad. Estaba exhausto, su chakra había sido drenado, su cuerpo esforzado al límite, ardientes los músculos bajo los hematomas de sus hombros.

Conocer sus limites, era parte del entrenamiento, y ¿Por que no? Recibir el castigo del aprendizaje. Sonreía cuando el mismo conejo curioso del abanico, esta vez decidió acercarse para olfatear su rostro. Digno castigo.

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Re: Primer Danza [Entrenamiento - Autopost]

Mensaje por Zeto el Dom Oct 22, 2017 4:19 am


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